Al empezar cada año casi
siempre nos proponemos metas y sueños como parte de nuestro aprendizaje de vida; tratando
de proveernos de cosas tangibles e intangibles como los bienes materiales, los
viajes, la integridad, la salud, la superación personal y la estabilidad
emocional entre otras cosas, para sentirnos bien con nosotros mismos y con
todas aquellas personas que están a nuestro alrededor. Pero algunas veces no
dejamos que la voluntad proceda en aquellas cosas que nos trazamos como objetivos
por el simple hecho de que con el tiempo nos sentimos ajetreados y nos
protegemos al no querer realizar lo que nos planteamos en nuestra existencia. A
lo que Platón en su libro de La República
describe: “La vejez es ciertamente un estado de reposo y de libertad en lo que
atañe a los sentidos”. Como referente al iniciar el 2014; Norma Hernández,
Indalecio Medina, Martín Hernández y un servidor tuvimos la oportunidad de participar en un viaje de excursión al ejido Tomas Garrido Canabal
del municipio de Viesca, Coahuila de Zaragoza., de los cuales estábamos
dispuestos a conquistar la cima de los cerros de dicho ejido con el objetivo de
llegar a las Tinajas, superficie con una altura de 1,650 metros sobre el nivel
del mar.
Al iniciar la travesía hacia
el destino final de aproximadamente
3.5 kilómetros cuesta arriba, nos topamos con algunos obstáculos como una
vereda muy angosta y con pendiente; donde en algunas partes estaba muy inclinada
y con sus plantas endémicas que se manifestaban al pasar por el camino,
conforme avanzábamos el paisaje fue descubriéndose y buscamos sin tener éxito
una planta en particular de nombre: Lophophora Williamsii comúnmente
conocida como “peyote”, es una
especie perteneciente a la familia cactaceae que
no son tan fáciles de observar y sustraer, ya que se camuflajean y algunas
veces están acompañadas de otras plantas como los cactus con espinas debido a
que se protegen del ser más depredador del universo (el ser humano).
¡Al llegar a la cima los
conquistados fuimos nosotros...! Al contemplar y sentir la naturaleza viva en
su máximo esplendor y lo impresionante que es respirar aire puro, dando la
sensación de querer alcanzar el cielo. La caminata nos enseño a educar los
sentidos para alejarnos del peligro que se pudiera presentar en el trayecto, y
aprender a respetar la naturaleza como parte de nuestro ecosistema.
“A cualquier edad puedes perseguir tus sueños... Al andar por la vida debemos de tener la libertad de activar nuestro sentido de voluntad para encontrar el camino que nos dejara un
aprendizaje de sobrevivencia”.